lunes, 9 de noviembre de 2009

Parte I

-Y ahora joven Martín, escriba en la pizarra el pecado más castigado- Martín se levantó de su banca con las manos en las hondas bolsas de sus pantalones de lana, sintiendo la tela rozar contra sus cortas piernas. Sus zapatos, implacablemente lustrados, resonaron con eco dentro del frío salón de clases. Al tomar la tiza, sus manos temblaban denotando nerviosismo. Sentía como las miradas de sus compañeros se clavaban como estacas heladas en su espalda, y escuchaba la desigual y repugnante respiración del profesor a sólo un par de metros de él. Lentamente, trazó las líneas blancas que formaban aquella palabra maldita, ese conjunto de letras que dejaban caer pequeñas partículas blancas en las mangas de la chaqueta de Martín.
La palabra "inocencia" quedó trazada en la pizarra, escrita con fuego en la cabeza de los presentes. Martín Palomar era inocente.