En el Maracuyá todos son color uva. Caminan sobre playas aceitosas que rodean sus diminutas islas. No hablan, pues no cuentan con boca para hablar. Por lo tanto se alimentan de ideas; de aquellas ideas que cansadas de tanto esperar a ser reencontradas en las cabezas, se marchan a su destino fatal.
Los maracuyeses son moras muy complicadas. Curan todo con canciones (De preferencia orquestales para la fiebre alta) y se niegan a caminar con el mismo pié cuando van de a dos. Sin embargo, disfrutan de tumbarse sobre los enormes erizos que hay por doquier y tomar el sol ahí (Les gustan más que las rocas porque son menos grises, y el gris significa silencio)
Sin embargo, a pesar de su increíble belleza, los maracuyás pueden ser maliciosos... arrancan las ideas más frescas de las cabezas y las plantan en otras para crear confusión en el individuo.
La única forma de evitar esto es criando flores de girasol en el cuero cabelludo por unos meses.
viernes, 7 de agosto de 2009
martes, 4 de agosto de 2009
Locomoción Bípeda
"Cantan y cantan, cantan las olas del ocaso"
Carlos
Seguí caminando aún después de dejarlo atrás, sin importarme siquiera que el sol a mis espaldas hiciera hervir mi sangre. El viento soplaba fuerte y miles de partículas salinas se adherían a mi piel, mientras escuchaba el incesante sonido de las pinzas de miles de pequeños cangrejos que se refrescaban a la orilla del mar.
Poco a poco, el sol se acercó con coquetería al horizonte y las olas comenzaron a cantar. Al principio sólo se escuchaba un murmullo espumado, pero conforme la marea se agitó, emocionada por el descenso del gran astro, el viento se convirtió en el portador del estrepitoso canto de las aguas marinas. Fue entonces cuando me sumergí en el agua para dejar que aquella hermosa alma me envolviera.
Escarlata
Aquejado por los dolores del crecimiento, Peter corrió hacia le cueva de la laguna de las sirenas. Cayó justo a su entrada mirando de frente los inexpresivos huesos del cocodrilo, sintiendo como cada vez era más James Garfio y menos Peter Pan. Podía percibir como poco a poco se iba transformando; alargó la mano derecha en un gesto de desesperación hacia los restos de una sirena, pero lo unico que encontró fue arena, arena color escarlata, escarlata como Nunca Jamás.
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