martes, 6 de octubre de 2009

Elvia

Bajé cautelosamente y al dar vuelta hacia la resplandeciente luz de la cocina la encontré secando la losa. Fui directamente a la despensa, tomé un plato y una cuchara, abrí la puerta helada y comencé a buscar.
Me dijo,-Mariel, Mariel, ¿Qué buscas?-
-El helado-
Y con una mirada que derrochaba sabiduría, dijo,- Ah, se acabó. Ya no hay- y se giró con gesto firme a continuar la importantísima tarea.