Desperté con la característica sequedad en la boca y con ganas de volver a mi no pensamiento. Mientras reaccionaba, los vividos recuerdos de mi reciente pasado chocaron conmigo; y cuando lo hicieron, sentí dolor. Una especie de punzada en el lado izquierdo de mi pecho que cruzaba hasta el otro extremo. Reconocí lo que era; eso de lo que había tratado de esconderme porque no me pertenecía. Pero ahora era parte de mí. La cruza de palabras con aquellos terribles razonadores habían roto mi momento, mi segundo de perfección. Habían desmenuzado mi pasión e impresión para unirlos en un desagradable y ponzoñoso ser que taladraba mi cabeza.
En algún instante acepté que viviría con este animal. Tal vez desaparecería con el roce continuo de mi pensamiento; como una piedra que adquiere otra forma después de un tiempo a la intemperie. Sin embargo, en ese mismo momento lo único vital para mí era la cristalinidad de un vaso de agua y un consuelo que no pude encontrar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario