martes, 4 de agosto de 2009

Locomoción Bípeda

"Cantan y cantan, cantan las olas del ocaso"
Carlos
Seguí caminando aún después de dejarlo atrás, sin importarme siquiera que el sol a mis espaldas hiciera hervir mi sangre. El viento soplaba fuerte y miles de partículas salinas se adherían a mi piel, mientras escuchaba el incesante sonido de las pinzas de miles de pequeños cangrejos que se refrescaban a la orilla del mar.
Poco a poco, el sol se acercó con coquetería al horizonte y las olas comenzaron a cantar. Al principio sólo se escuchaba un murmullo espumado, pero conforme la marea se agitó, emocionada por el descenso del gran astro, el viento se convirtió en el portador del estrepitoso canto de las aguas marinas. Fue entonces cuando me sumergí en el agua para dejar que aquella hermosa alma me envolviera.

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