Bajé cautelosamente y al dar vuelta hacia la resplandeciente luz de la cocina la encontré secando la losa. Fui directamente a la despensa, tomé un plato y una cuchara, abrí la puerta helada y comencé a buscar.
Me dijo,-Mariel, Mariel, ¿Qué buscas?-
-El helado-
Y con una mirada que derrochaba sabiduría, dijo,- Ah, se acabó. Ya no hay- y se giró con gesto firme a continuar la importantísima tarea.
Y tu porque querias helado!!! ponte a secar la losa
ResponderEliminarSu búsqueda por una felicidad se ha vuelto una necesidad. Sus días son tristes, sin resplandecer alguno. ¿Seguirá buscando alternativas para llenar su vacío? Sí. Pero su demanda lo ha vuelto un desgraciado, un bastardo hijo de puta que solo usa a la gente para olvidar. Aún así, no encuentra tal persona que le haga marginar sus recuerdos. Recuerdos tan preciados para él que constantemente se pregunta si de verdad ambiciona olvidarlos. Recuerdos que acumulan pasiones que se extinguirán solo cuando llegue el fin de su ser.
ResponderEliminarAnegado en el pensar de su propia miseria, piensa únicamente en lastimarse. Llega inclusive a toparse con un estado de conciencia en el cual el dolor físico inmediato se ignora por completo y es remplazado por un simpático cosquilleo.
Se distrae con el pensar en los demás. La felicidad ajena le intriga, y busca el pretexto de ella para presentarse en los seres más ignaros.
¿Cuánto tiempo ha pasado? No mucho. Su raciocinio le hace juzgar mal el transcurso del mismo, le da la impresión de que han pasado meses, inclusive años, desde que empobreció su existencia.
Ahora sabe que una frase puede cambiar el rumbo de su realidad. Sin embargo, miserablemente le hubiera servido estar al tanto de ello con anterioridad, para impedir su desdicha.